que estaba un poquito enferma,
que en la misa comía hostias
regurgitando mi esperma.
Creo se llamaba Lucía,
la beata de Almendralejo
que se apagó, ya no brilla.
Mientras, ¡me hice un pendejo!
De teología era docta,
no obstante se le escapaba
que hay otras comuniones
Y se hizo muy devota,
¡de rodillas veneraba
comiéndome los cojones!
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