sólo magia de salón:
el mago explota el balón
y un ave vuela ahí mismo.
El poeta es trapecista
que, sin trampa ni cartón,
se mete en un gran cañón
y vuela sobre la pista.
La musa malabarista
tira piedras de carbón
con precisión nunca vista.
El lector es bailarina
que está como un cañón
pero a mí me discrimina
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